Él, el violinista.

A la lluvia
Al pleno sol.
A primera hora de la mañana
por la madrugada...
Pero siempre, su música, SU SONRISA.

Pobre
Muy pobre.
Pide.
Misma ropa.
Traje gris.
Sombrero negro.
Violín impoluto.

SONRISA,
siempre
SU SONRISA
ENORME.

Me lo encuentro, siempre en momentos clase.

No falla.
SU SONRISA.
Enorme.

No habla español
Pero me dice más
que cualquier otra persona.

-¿Quieres amor; buscas amor?

... me lo pienso
Mi sonrisa.

-Sí, quiero amor.
Mi sonrisa.

Sigue tocando sonriendo...

Y lo vuelvo a pensar.

Él, hoy, con su violín, con su sonrisa
en mitad de una noche cualquiera
ha solucionado más en mi vida,
que yo en los últimos 3 meses.
Ha disipado la niebla de un soplo.
Pregunta clave, respuesta clave.
No ha hecho falta nada mas.

Como sonreíamos.
Él y yo.

1 comentario:

  1. Así vamos a acabar todos los que nos dedicamos a la música.

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